¡Hola! Soy yo, Marta. La mayoría ya me conocéis o eso pensáis, ¿pero realmente es así?

Diréis: Sí, una chica simpática, buena estudiante, con su carácter pero una buena chica. Pues, os rectifico, porque ¿qué hay realmente detrás de todo aquello que creéis conocer? ¿Qué hay más allá de lo que fingimos ser? 

Os diré qué hay detrás de mi faceta, una chica con la autoestima por los suelos que se siente reemplazable, sensible, llorona, bastante triste y que poco a poco va cayendo en depresión, pero no pasa nada, supongo que todo mejorará.

Desde hace un par de años me he ido dando cuenta de que mi felicidad dura muy poco y enseguida vuelvo a caer en ese pozo del que me cuesta tanto salir. La mayoría os lo tomaréis a risa, pero los que son como yo, no le encuentran la gracia.

Todo esto va más allá de ser sensible, llorar más de lo que toca, sentirnos tristes, simplemente te sientes vacía sin ganas de nada y tienes un fuerte sentimiento de inutilidad que nunca se acaba. ¿Pero qué le vamos a hacer? Pues yo, superarlo. No me rendiré sin luchar contra la depresión, por eso he buscado ayuda, porque sé que en mi entorno hay mucha gente que lo ha conseguido, y yo, no seré menos.

Han pasado tres meses, evaluaciones han acabado, las notas no son buenísimas pero están bastante bien, he estado yendo a terapia y al final, empiezo a sentir que mejoro, que de verdad estoy avanzando a pesar de la presión que me está causando este curso. Profesores dicen que no tenemos mentalidad de Bachillerato, aunque no lo parezca muchos de nosotros nos aplicamos muchísimo y desgraciadamente no hemos obtenido los resultados que deberíamos tener como un bachillerato científico, pero realmente no sabemos si es por no estudiar todo lo que deberíamos o por el ambiente que hay en clase. Este año todo ha cambiado, la actitud de los profesores, de los alumnos, el ambiente, los compañeros…

¿Y sabéis qué? He llegado a la conclusión de que la educación ha cambiado muchísimo al largo del tiempo, tanto la metodología, como el propósito. Se suponía que íbamos al colegio/instituto/universidad… para aprender, pero si os fijáis y os paráis un momento a analizar la situación, veréis que la mayoría de los alumnos ya no somos felices asistiendo a clase. Todo esto tiene un por qué algunos hemos tenido una clase bastante perjudicial y nos hemos tenido que “buscar la vida” con tal de seguir el curso y aprobar, entonces empezamos a memorizarlo todo y a la larga, se ha convertido en costumbre, hasta el punto de memorizar un montón de conceptos poco prácticos y acabar el curso sin apenas aprender algo.

Todos con su mismo discursito: “Si estáis aquí es porque queréis” “Tenéis que ser más responsables y estudiar más”… Y, ¿sabéis qué? Que la mayoría no tenemos claro qué queremos, estamos aquí para tratar de hacer algo con nuestra vida, pero eso no es lo peor, lo peor es que os escandalizáis con los resultados, con los pocos resultados… pero esto no es nuestra culpa y eso deberíais tenerlo en cuenta.

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Por tanto, mi conclusión es: 

A los 16 años tenemos depresión y ansiedad y nos sentimos un fracaso total. Está claro que el sistema educativo falla. Ya no estudiamos por amor al conocimiento, sino por miedo al fracaso o a no ser suficientes. Finalmente os haré una pregunta: 

¿Realmente vale la pena dar todo el temario y que finalmente no nos quedemos con nada?

Este relato forma parte de Hamor, la sección de nuestro blog en el que escritores amateurs nos cuentan sus historias más íntimas. ¿Te animas?

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Agradecimientos a Imagen de Luisella Planeta Leoni en Pixabay

Natalia Monge
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