Estamos en guerra mundial con el coronavirus y como en todas las guerras sale lo mejor y lo peor del ser humano. Lo peor y más indignante, la conducta de los inconscientes que llevados de su egoísmo ignoran las recomendaciones sanitarias y hacen fiestas y reuniones ilegales para “pasárselo bien”.  Lo mejor y absolutamente admirable, la conducta de los sanitarios que se están jugando la vida luchando por y con los enfermos de coronavirus, entre ellos, algunos que se contagian y contagian a los demás cuando se acaba “su fiesta”.

El otro día leí que un médico de UCI salía agotado de su turno de trabajo a media noche para irse a descansar y en el trayecto a su casa se encontró que en un parque había un botellón en el que pudo ver muchas personas sin mascarillas, apelotonados y sin ninguna medida de protección… y rompió a llorar. Cuando lo leí, yo también rompí a llorar… ¡comprendí su impotencia! Tanto esfuerzo para que unos inconscientes jueguen con la vida de los demás. 

En la tele vi que una enfermera contaba algunas “anécdotas”,  como la de un paciente que se sentía solo y estaba convencido de que se iba a morir. La enfermera contó que  este paciente le pidió un beso, y la enfermera se lo dio. La noticia no contó si el paciente había fallecido o no, pero me llamó poderosamente la atención que “pidiera un beso” y “que la enfermera se lo diera”. 

En momentos como estos, cuando lo lees, lo ves o te lo cuentan, te das cuenta de que en el fondo y ante situaciones extremas las personas necesitamos amor. Comer y beber nos permite sobrevivir, pero lo que nos hace vivir de verdad es el amor. No me imagino a un cliente pidiendo un beso a la cajera o al cajero de un supermercado por que le da de comer y beber. 

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En mis años de adolescencia leí “El arte de amar” de Erich Fromm, en el que hablaba del amor romántico, el amor fraternal, el amor materno, el amor a Dios, el amor propio… no recuerdo que hablara del amor de una enfermera o de un enfermero, pero “ese beso”, pudo haber dado un subidón  y la tranquilidad de un… ¡si me voy me voy besado! ¿No es eso una forma de dar y de recibir amor? 

Quizás habría que añadir una o dos páginas en “El arte de amar” de Erich Fromm, en  las que hablara de los “besos regalados” que dan un subidón a quien los recibe, a quien los da y a quien de una forma u otra es testigo presencial o virtual de ellos. Quizás habría que calificarlos como una forma de amor que ni es para siempre ni es eterna, pero nos informa a todos de que podemos estar más cerca de necesitarlos de lo que nos creemos. Sobre todo los que creen que su vida es una fiesta… ¡a costa de los demás! 

Este relato forma parte de Hamor, la sección de nuestro blog en el que escritores amateurs nos cuentan sus historias más íntimas. ¿Te animas?

Este relato forma parte de Hamor, la sección de nuestro blog en el que escritores amateurs nos cuentan sus historias más íntimas.

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Agradecimientos a: Tot Hospitalet

Anonimus Amorimus