Érase una vez, una corporación dedicada a las comunicaciones y al entretenimiento decidió que el amor se basaba en el rescate de una bella y dulce princesa gracias a un apuesto y valiente príncipe, y durante mucho tiempo éste ha sido el procedimiento aceptado y normalizado por la sociedad. 

Estamos en pleno siglo XXI, y son muchos los que están cansados de ver una y otra vez la misma historia. Hace tiempo que existen quejas acerca del trato que se les da a las relaciones de pareja en las películas de Disney; relaciones “idílicas” en las que una benevolente princesa está dispuesta a todo para ser amada por un hombre que raramente se responsabiliza de sus actos.

Por si no lo sabíais, existe un síndrome al que han llamado “Wendy, un concepto que se utiliza en psicología para referirse a las mujeres que necesitan constantemente satisfacer a los demás. O el de “Peter Pan”, aplicado a hombres que se niegan a madurar. Está todo dicho.

Disney es una de las compañías más importantes de mundo; millones de personas están pendientes de sus movimientos; una infinidad de niños y niñas repartidos alrededor del mundo esperan con ansias sus propuestas cinematográficas y creen ciegamente que lo que presenta Disney en una pantalla tiene que ser lo correcto. Se espera mucho de ellos, y es por eso que deben estar a la altura.

Los millennials hemos crecido con personajes icónicos como el de Bella, una mujer realmente inteligente a la que le da igual lo que opine la gente de su forma de ser, pero que acaba enamorándose del “hombre” que la retiene como prisionera y se encuentra aguantando ciertas actitudes que en la vida real podrían definirse como muy tóxicas. O Ariel, una chica con las ideas muy claras que da un paso (ba dum tss) y decide enfrontarse a su padre para que respete sus opiniones, pero que literalmente deja atrás a su familia, su vida en el mar e incluso su voz por un tipo que no conoce de absolutamente nada. No es normal.

Vamos a ver, pero que, si Mulán salvó a la China de las manos de los Hunos para demostrarle a sus padres de lo que es capaz, ¿nos tenemos que creer la felicidad le llega acompañada del hombre con tableta de chocolate que la dejó tirada en una montaña en cuanto se dieron cuenta de que tenía pecho? Vamos a ver otra perspectiva, que no quiero que se me hinche la vena del cuello…

Hace unos años que parece que la cosa empieza a re direccionarse, pero en muchas ocasiones todavía parece que la inserción de alguna novedad está metida con un calzador. Actualmente podemos ver a princesas como Mérida compitiendo por su propia mano (que precisamente tampoco es algo muy común) o a Elsa, que lo único que pretende es proteger a su hermana mientras intenta averiguar quién es verdaderamente. No necesitan a ninguna figura masculina para llenar sus corazones, y nos lo hacen saber continuamente a lo largo de sus historias.

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El caso de Elsa resulta realmente interesante de analizar. En cuanto nos dimos cuenta en la primera película de que el hechizo se rompía con el amor verdadero de su hermana y no el de un hombre, inmediatamente empezamos a construir cientos de posibles teorías sobre qué sucedería en la siguiente entrega, y la apuesta más fuerte era la de que, por primera vez, disfrutaríamos de una princesa homosexual. La gente lo tenía muy claro, y como era de esperar por otros, resultaba una gran ofensa y algo que los más pequeños no podían ver. De hecho, cuando Bill Condon, director del remake de “La Bella y la Bestia”, afirmó que el personaje de “Le Fou” (la mano derecha de Gastón) era gay, el mundo enloqueció, y ciertos países decidieron no retransmitir la película, países que claramente no respetan la Declaración Universal de Derechos Humanos en su día a día, así que no esperábamos menos. La pregunta es, ¿de qué tienen miedo exactamente? ¿De la realidad? ¿De la igualdad? Tenebroso.

Volviendo al “reino de hielo”, cabe decir que resultó decepcionante al ver que finalmente las predicciones no se cumplieron, pero, entre nosotros, eso es lo menos importante. ¿Que finalmente Elsa se enamora de un hombre o de una mujer? Allí estaremos para apoyarla, pero es necesario que cuente con el derecho de vivir una vida plena y feliz sin la necesidad de una pareja. Eso es lo que verdaderamente debe mostrarse: una persona que, ante todo, aprenda a quererse a sí misma y se respeta; eso es lo que las siguientes generaciones deben aprender, que nadie vendrá a salvarte de las garras y las injusticias de la vida.

Quiérete. Si el amor tiene que venir, ya vendrá. No tengas prisa.

Este relato forma parte de Hamor, la sección de nuestro blog en el que escritores amateurs nos cuentan sus historias más íntimas. ¿Te animas?

Este relato forma parte de Hamor, la sección de nuestro blog en el que escritores amateurs nos cuentan sus historias más íntimas.

Leer más: La idealización del amor en el cine. Es verdad que el amor idílico, el de película, es algo a lo que todos aspiramos en la vida, pero a veces debemos bajar las nubes y estar dispuesto a abrir los brazos a la imperfección, a la cruda realidad.

Agradecimientos a: disneyplus.com

Sergi Judici Buqueras