Es una verdad que en ocasiones un amigo cercano, tal vez especialmente cercano,  puede hacerte daño, o simplemente tiene tendencia a irritarte, seguramente, sin maldad, sin ser consciente de ello, pero lo que puedes asegurar es que estas situaciones van en aumento, lo que en el pasado eran momentos esporádicos en que quizás discutíais y que estabais alejados en pensamiento, ahora se ha convertido en un problema recurrente, cuando estás con él, sientes una presión, un malestar, quieres escapar.

Has llegado a la conclusión que este amigo es una fuente de agotamiento.

No para de lanzarte reproches y te crea un cierto malestar cuanto os veis, en lugar de ser esa persona que esperas encontrar con la cual te sientes aliviado, una fuente de optimismo y que al contrario te escucha y te anima. La verdad es que no importa cuán de estrecha sea vuestra relación, sois dos personas diferentes, con diferentes pensamientos, necesidades y expectativas. 

Te preguntaras, ¿que ha cambiado? Eramos buenos amigos, nos llevábamos bien, estábamos siempre juntos y lo más significativo, nos entendíamos y no habían reproches, siempre gozábamos de buena sintonía. 

Las vidas cambian, las prioridades cambian y, en algún momento, es posible que no puedas estar disponible para pasar un buen rato con el como antes. Es posible que estés más sensible, que tu hayas evolucionado diferente de él. Tus pensamientos sin darte cuenta han mutado hacia una dirección opuesta a la de tu amigo y es por esta razón que hay un rechazo casi automático en cuanto lo ves.

Cuando empiezas a notar este síntoma no le das importancia, te sigues viendo, incluso haces un esfuerzo, aunque en las reuniones el tiempo pasa muy despacio, te das cuenta que cada vez más las conversaciones no fluyen y regresas a tu casa algo decepcionada, a la vez te sientes muy mal: es mi amigo lo conozco desde hace años, ¿qué es lo que me pasa? ¿por qué ya no me siento cómoda a su lado?

Al igual que en las relaciones de pareja, en la amistad pasa lo mismo.

Llega un día que te das cuenta que vuestros pensamientos son divergentes, que poco a poco tenéis muy pocas cosas en común, y que si antes le tenias una valoración muy alta a esta persona, sin querer hacerle daño, te das cuenta que ya no es ese amigo del alma con el cual te irías al fin del mundo con el. 

No te preocupes, estas situaciones ocurren y debemos estar preparados para no lastimar a esta persona con la cual compartís una gran amistad de años: habéis pasado por momentos fantásticos, habéis viajado juntos, habéis celebrado fiestas y también siempre os habéis ayudado el uno a otro. 

Lo importante, es no herir, y por el momento, poner distancia entre los dos de forma que el tiempo os ayude a reconciliar vuestra nueva relación, porque lo más seguro, que aunque años después os reencontréis, seguro que le tendrás muchísimo aprecio, pero nada será igual.

Todos hemos estado en ambos lados de esta ecuación. La gente se ocupa, se muda, se casa, comienza nuevos trabajos, cambia. Las amistades, como las relaciones románticas, a veces requieren espacio y límites. Y al igual que una relación romántica, aprender a tener conversaciones difíciles es crucial para la salud a largo plazo de la dinámica.

“Piensa en cómo te gustaría decepcionarte”, dice Nicole Sbordone, terapeuta en Scottsdale y autora de Surviving Female Friendships: The Good, The Bad y The Ugly. Ya sea que le niegues a hacerle un favor o simplemente solicites más espacio, tu objetivo es doble: deseas proteger la relación sin menoscabar a tí mismo ni a tus necesidades. Aquí te muestro cómo lograr el delicado equilibrio:

Paso 1) Debes dar la cara. Ensaya de antemano el encuentro y que vas a decirle a tu amigo.

Considera de antemano cómo se desarrollará esta charla /discusión, lo que incluye buscar un momento para tener presente a tu amigo, en persona, cara a cara. “Puede parecer impersonal a través de mensajes de texto o correo electrónico”, dice Sbordone, y: “la comunicación digital puede carecer del tono y las señales visuales que moderan una conversación difícil”.

Para evitar cualquier error, intenta ensayar lo que quieres decir de antemano para que puedas encontrar el tono correcto. “La manera en que se transmite el mensaje puede marcar una gran diferencia”, dice la psicóloga Kelly Campbell, profesora de la Universidad Estatal de California, San Bernardino, que estudia las relaciones.

Si ha habido un conflicto o un problema que debe abordarse como parte de la solicitud de espacio, ella comenta que tengas cuidado de no recurrir a la culpa, las críticas o la presentación de una lista de agravios pasados. “A menudo surgen problemas por simples malentendidos, por lo que es importante buscar la claridad del amigo”, dice Campbell. Mantente enfocada en lo que necesitas y no asumas lo peor.

Paso 2) Es necesario reforzar la amistad. No puede haber una rotura.

Comienza hablando sobre lo que esta persona y tu amistad significan para ti. Campbell recomienda enfatizar tu vínculo amistoso diciendo algo como: “Hemos sido amigos durante 15 años y estoy muy agradecida de que estemos en la vida del uno y del otro”.

A partir de ahí, explica, ofrece un contexto para enmarcar lo que viene a continuación: “Necesito decirte algo que me ha estado molestando. Valoro demasiado nuestra amistad para no decírtelo porque sé que si lo mantengo dentro, afectará nuestro vínculo, y quiero asegurarme de que nuestra amistad se mantenga fuerte ”.

Estructurar tu charla como algo que fortalecerá vuestra relación, en lugar de reprochar  sus defectos que te han llevado a esta situación, puede ayudar a amortiguar el golpe.

Paso 3) Intenta listar tus sentimientos, como te sientes con vuestra amistad.

Tal vez estés enojada porque tu amigo ha estado chismorreando a otras personas sobre cosas que les dijiste en confianza. Tal vez estés frustrada porque te ha pedido demasiados favores. O tal vez solo te molesta que te siga visitando sin previo aviso en lugar de respetar tu tiempo. Sea lo que sea, cuanto más específica puedas ser, mejor. “Ser honesta y etiquetar tus sentimientos suele ser la mejor ruta”, dice Campbell.

La parte clave es cómo comunicas estos sentimientos. Etiquetar la emoción evita la mala interpretación y mantiene el foco en ti y en tus emociones (en lugar de asignarle la culpa). Si te molesta que tu amigo te haya pedido prestado dinero en un momento de dificultades financieras, no le digas que es insensible y desconsiderado, dice Campbell. En cambio, sugiere decir algo como: “Cuando me pediste prestados 200 euros, quería ayudarte, pero últimamente me he sentido muy estresada por mi economia”.

La sensibilidad y el lenguaje no crítico ayudarán a tu amigo a comprender lo que quizás ni siquiera haya notado. “Muchas veces, no nos damos cuenta del impacto que tenemos en los demás hasta que recibimos este tipo de comentarios”, dice Sbordone. Tener algunos ejemplos a mano, en lugar de hablar vagamente sobre tus sentimientos, puede ayudar a la otra persona a empatizar con sus perspectiva

Paso 4) Hay un antes y un después en tu amistad, intenta establecer unos límites claros.

Límite, hablamos de un límite emocional. Ahora que has identificado el problema que provocó la necesidad de dibujar una línea, hazlo bien. Para asegurarte de que tu amigo entienda de dónde vienes, Campbell sugiere una fórmula: ¿por qué estás estableciendo el límite, cuál es ese límite y cómo te hace sentir?

Digamos que tu amigo está molesto porque no os veis tan a menudo como solíais hacerlo. Estás muy ocupada en un nuevo trabajo o en una nueva relación; 

Campbell sugiere decir: “Dijiste que quieres pasar la mayor parte de nuestro tiempo de fin de semana juntos, pero estoy tratando de hacer equilibrios con mi tiempo y me resulta estresante cuando las cosas están tan complejas”. “Solo puedo reunirme el sábado por la noche durante unas horas. Espero que lo entiendas. Desearía que las cosas fueran diferentes, es solo que me siento agobiada y quiero asegurarme de poder hacer todo”.

Paso 5) Bríndale tranquilidad en vuestra relación de amistad. Para ello debes de ser muy sincera.

Si tu amiga te llama varias veces al día cada semana cuando se siente deprimida, aún puedes ayudar sugiriendo otros recursos además de tu propio tiempo. “Aliéntela a buscar un terapeuta si es demasiado para ti”, dice Sbordone.

O guiarla hacia otros lugares para encontrar apoyo. Si tu amiga siempre está pidiendo consejos de trabajo, por ejemplo, recomiéndale que se una a su grupo de redes favorito. Es un pequeño gesto, pero apuntarla en la dirección correcta puede ayudarla a sentirse cuidada e importante para ti.

Asegúrate de resaltar también la importancia de su relación al final de la conversación. “Dile a tu amiga que estás contenta de que acuda a ti en busca de ayuda y apoyo, y que puedas entender por qué se apoya en ti”, dice Sbordone. La verdad es que valoras la amistad y no quieres que termine, solo necesitas que funcione para los dos.

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