Hoy en día, existen muchos tipos de relaciones y maneras de mantenerlas. Una de ellas: basta que haya cobertura de internet y un móvil, más allá de la presencia física.

Efectivamente, la tecnología ha permitido que Whatsapp, una aplicación que prácticamente está instalada en los smartphones de todos, se convierta en la tercera persona de una relación. Esto supone un avance, una ayuda para las relaciones que se mantienen a distancia o aquellas que se echan mucho de menos, pero también se convierte en un problema.

Muchos no se han dado cuenta todavía del papel principal que supone en nuestras vidas esta plataforma. Los mensajes instantáneos consiguen que se reformulen las perspectivas que uno tiene de la otra persona, se creen nuevas expectativas y deseos y se olviden los anteriores a los que les dábamos importancia.

Whatsapp ha llevado a muchas parejas al límite, incluso ha conseguido romper relaciones en la que el amor era el complemento principal, sustituyéndolo por conceptos como “celos”, “desconfianza” e “inseguridad”. Sin ir más lejos, el doble check de color azul, que nos indica si la otra persona ha leído o no el mensaje, ha sido el causante de un gran debate sobre la intimidad y el control de la pareja. Algunos ya hablan de esta función como “el Apocalipsis”, ya que esto solo puede suponer un control absoluto del otro, volviéndote en algunos casos incluso hasta obsesivo.

Aun así, debemos tener en cuenta que el problema no es la aplicación en sí, sino lo que está dentro de nuestras cabezas. Si de por sí somos personas celosas, las redes sociales consiguen que todavía lo seamos más. Lo cierto es que todos creemos ser muy modernos y estar muy conectados a la última, pero en las relaciones muchos acabamos siendo todavía convencionales. Así pues, estos canales deberían servir para quedar, pasar información relevante, etc., pero no como canal de comunicación en el que se está todo el día hablando y compartiendo hasta lo que vamos a comer y a qué hora exacta nos vamos a dormir.

Cometemos un error, que es pensar que la tecnología nos acerca a los demás, cuando en realidad nos está alejando y haciendo que no nos enfrentemos a la vida real. Pero si decidimos navegar a través de estos canales y hacer de Whatsapp un compañero más en nuestro día a día, tenemos que aceptar las consecuencias que supone estar presentes. Aun así, hay parejas que para que no les afecte esta situación han encontrado soluciones, como dejar de seguirse en las redes sociales para no controlar todas las interacciones que tiene el otro o bien desactivar la conexión y los tics azules en Whatsapp para no estar pendiente de cuando se conecta y hasta qué hora se queda en la aplicación.

Tú, yo y Whatsapp: una relación de tres
Tú, yo y Whatsapp: una relación de tres

Cabe decir que no todo es negativo. Como muchos habréis comprobado ya en ciertas situaciones, protegerse detrás de una pantalla puede ayudar a superar la timidez. Y es que hay muchas personas que por más que quieran, no se abren y les resulta muy complicado tener un primer encuentro físico sin antes haber establecido un contacto a través de otro canal.

Así pues, ¿Whatsapp debe ser un motivo de preocupación en una relación? La respuesta es no, siempre dependiendo del uso que se haga de la aplicación. Ante todo, la confianza es lo primero que debe tener una pareja, y ni el teléfono móvil, ni cualquier dispositivo electrónico puede hacernos dudar de lo que el otro siente por nosotros. Tampoco debemos obsesionarnos con el uso que la otra persona esté haciendo de Whatsapp, a veces la mente nos juega malas pasadas, tan solo debemos darles la vuelta a los pensamientos y mirarlo por el lado positivo. Nunca la tecnología podrá ser más fuerte que un sentimiento, porque este último está vivo, mientras que los dispositivos no dejan de ser eso, máquinas que nos intentan facilitar las cosas y nos ayudan en las ocasiones que podamos necesitarlas.

Agradecimientos a Kev Costello on Unsplash

Sandra López Salas