Estar enamorado de alguien y depender de alguien son dos estados que tienden a confundirse, aunque puestos en práctica no tienen nada que ver el uno con el otro.

El amor no es comparable con situaciones como la necesidad, la angustia, el dolor o el sufrimiento, palabras con las que definiríamos la dependencia emocional.

La objetividad en una relación de pareja no es fácil de conseguir, pues somos los protagonistas de la historia y tendemos a ser subjetivos con la persona que tenemos delante y todas las acciones que realizamos en el día a día con y para ella. Por este motivo, es normal que a veces nos confundamos pensando que lo que sentimos por la otra persona es amor, cuando en realidad estamos dependiendo de ella, olvidándonos de quiénes somos nosotros mismos y de la manera en la que actuábamos y nos comportábamos anteriormente.

Para ponernos más y mejor en la situación, definiremos la dependencia emocional como el hecho de entregarle toda nuestra vida a otra persona y que sea ésta quien decida en todo momento sobre nuestro estado de ánimo. Es un estado en el que nosotros mismo no controlamos nuestros actos, más bien dejamos que la otra persona nos arrastre a lo que hace, siente o dice de nosotros. Además, en esta situación sentimos una necesidad inmensa de recibir amor, y cualquier mínimo detalle que la otra persona tenga con nosotros lo veremos muy grande.

Ahora bien, ¿cómo podemos detectar esta dependencia emocional? Existen varias señales que nos llevan a pensar que estamos en una relación de este tipo:

  • No queremos estar solos, pero tampoco con nadie más que no sea nuestra pareja.
  • No sabemos dónde están nuestros límites y hemos olvidado la palabra “no” como respuesta.
  • Nuestra relación va por delante de otros ámbitos en nuestra vida, como la familia, el trabajo o los amigos.
  • No nos valoramos lo suficiente, únicamente vemos lo que valemos y el papel que tenemos dentro de nuestra relación.
  • Sentimos que no podemos pasar un minuto sin hablar con nuestra pareja a través de cualquier vía, y sobre todo actualmente con las nuevas tecnologías, este hecho se evidencia más.

Normalmente, quienes se encuentran en una situación así son las personas que tienen muchos miedos y se sienten inferiores al resto del mundo, por lo que no quieren sentirse solas y les vale cualquier persona para alejarse de esta situación.

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Si os habéis sentido identificados con alguno de los puntos expuestos anteriormente, seguramente ahora os preguntaréis cómo salir de una relación de este tipo. No es fácil dar el paso, sobre todo porque cuando te encuentras en este estado, la mayoría de las veces no eres consciente de lo que está pasando a tu alrededor y de que tu relación no es sana.

La primera señal llega, normalmente, a través de la gente que te rodea y comienza a darte pistas de que algo no va bien. Por eso, es importante escuchar a las personas cercanas, a aquellas que sabes que te quieren bien. Hay que aceptar la situación cuanto antes y empezar a cambiar las actitudes que llevan a encontrarte en un estado de dependencia. En algunos casos, es posible que se necesite la ayuda de una persona externa especializada en estos casos.

Y es que solo cuando nos encontremos bien y a gusto con nosotros mismos podremos embarcarnos en la aventura del amor y compartir nuestra vida con otra persona. La igualdad, la confianza en uno mismo y la autoestima son los pilares esenciales para empezar. Y a partir de aquí, podréis ir construyendo una historia bonita y estable, en la que ambos estéis enamorados y felices, pero nunca os sintáis dependientes el uno del otro.

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Agradecimientos: Pixabay

Sandra López Salas