Creo que es seguro decir que a todos nos ha pasado. Pero luego de unos meses, ¿es realmente posible pensar que esa sensación de deseo que te invade el cuerpo puede ser llamada amor? 

Antes de empezar a escribir le pregunté a mis amigos sobre sus experiencias en el amor, pensando que quizás las mías no eran suficientes.
Uno de ellos me miró de forma confusa. Me dijo que el apego era parte del amor. 

¿Es realmente este sentimiento una consecuencia del amor?

Es fácil confundir uno con el otro. Después de todo, el amor y el deseo conducen a las ganas de compartir con alguien más. Cómo podríamos diferenciar lo que sentimos al amar a alguien o al desearlos, cómo podemos saber si es un simple deseo o un sentimiento que está destinado a durar. 

Después de un largo tiempo rememorando anteriores experiencias, descubrí que quizás la diferencia de ambos es el origen de cada sentimiento. 

Aprendí que el amor es inexplicable, sin razón. El amor es la sonrisa que se esboza al ver la felicidad de quien amamos, incluso si lo observamos a la distancia; incluso si su alegría ha nacido de sus sentimientos por alguien más.

Amores tóxicos 

El apego nace más allá del deseo. El apego viene de aquél lugar en donde una buena intención se convierte en algo que nos limita. 

El apego se convierte en una emoción negativa cuando dejamos de vernos como individuos y convertimos a la otra persona en una extensión de nuestro ser. Cuando dejamos de ser nosotros para otorgarle la llave de nuestra felicidad a alguien que no nos pertenece. 

¿Deberían las personas pertenecer a alguien más?

El convertir a otra persona en el objeto de nuestros deseos, en la razón por la que comenzamos y terminamos el día. La búsqueda de decir que alguien “es nuestro” se lo que nos lleva a perder a las personas. 

Es lo que nos lleva a perder nuestro ser. 

Lo que aprendí sobre el buen amar

Mi primer día de universidad una profesora nos habló del buen amar. Nos comentó que para comprender el amor había primero que comprender el arte. 

Nos dijo que amar no era desprenderse de uno mismo, ni buscar aquella mitad que nos faltaba. Nos dijo que amar no era la historia que nos cuentan al crecer, que existe una persona para cada uno de nosotros y que nuestro trabajo es encontrarla. 

Entonces entendí que amar no quería decir dejarse de lado para resignarse al otro. Tampoco significaba sufrimiento, pues las grandes historias de amor comparaban a este sentimiento con la tragedia, la angustia y la tristeza. 

El origen de los sentimientos

Aprendí que el amor y el apego son diferentes porque vienen de diferentes lugares. 

El amor nace del desapego. Viene de aquél sentimiento de amar sin necesidad. El amor es saber que podríamos vivir sin esa persona. Que la vida seguiría, que continuaríamos respirando.

El amor es saber que no necesitamos de nadie y aún así elegir amar.

El apego cuenta otra historia, pues este nace del miedo. Tenemos miedo a perder, sentimos miedo a la soledad. El apego no es más que el egoísmo, ese abismo dentro nuestro que nos gustaría llenar con la presencia de alguien a quien hacemos responsable de nuestra felicidad. 

Pero la buena noticia es que todos podemos aprender a amar. 

Podemos reconocer las señales. Podemos prestar atención. Podemos hacernos las preguntas necesarias para averiguar si necesitamos de la otra persona o si hemos aprendido a soltar. 

Agradecimientos a Photo by Charles Postiaux on Unsplash

Estefania Mantas Mansilla