El amor… Tan sencillo y complicado a la vez. Podemos verlo como lo más mágico y puro que sentiremos en nuestra vida, pero también nos trae algún quebradero de cabeza de vez en cuando. Sin ir más lejos, este sentimiento tan fuerte también tiene enemigos que intentarán destruirlo, como la vida misma. Os enumeramos los más frecuentes:

El egocentrismo

Tú, y tú, y tú, y solamente tú… ¿Os suena? Pues no, no solamente es una canción de Pablo Alborán, también es una realidad que se convierte en un problema cuando nos referimos a una relación. Porque pretender que el mundo gire en torno a uno mismo sólo conducirá al cansancio por parte de la otra persona. Todos queremos tener una atención y un cuidado determinados, pero cuando estamos en una relación hay que procurar recibir en una medida similar a la que damos. 

Las mentiras

Se empieza con pequeñas mentirijillas, y se acaba con grandes engaños que hacen que se pierda toda credibilidad en una relación. Lo más importante para llevar una relación sana y duradera es la confianza, la honestidad y la verdad. Cualquier concepto que se aleje de estas ideas, solamente provocará reacciones negativas para la relación.

No saber pedir perdón

Nadie es perfecto, y todos alguna vez en nuestra vida hemos tenido que rectificar y pedir perdón por nuestros errores. Aunque parezca imposible de creer, hay personas que en una relación nunca han escuchado un “lo siento” por parte de su pareja. Pero el no perdonar solo nos llenará de ira, resentimiento y tristeza.

La dependencia

Ya os hemos hablado en otras ocasiones de lo insana que es la dependencia en una relación. Pero dentro de este ranking, no podíamos dejar de nombrarla de nuevo. Mucho cuidado con confundir amor con dependencia. Nadie debería depender de nadie más que de sí mismo, y para ello son pilares esenciales la confianza en uno mismo y tener una autoestima alta, es decir, querernos a nosotros mismos primeros para poder querer a alguien más después.

El maltrato

El maltrato en una relación no siempre es visible. Incluso para la víctima existen señales que pasan desapercibidas. El maltrato físico se muestra abiertamente a través de violencia física con golpes, heridas y llegar, en los casos más graves, incluso a la muerte. Pero también existe el maltrato emocional, que incluye amenazas y humillaciones.

Este último es, en muchos casos, incluso peor que el maltrato físico. Pero al no ser visible es más difícil de identificar, incluso para la propia víctima que lo está sufriendo. Es justamente de esto de lo que se “nutren” los abusadores: la ridiculización y la humillación para que la víctima ponga en duda su propia realidad.

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Actualmente estamos viviendo un movimiento social, el feminismo, con una fuerte manifestación en contra del maltrato y la violencia, tanto física como emocional. Durante muchos años sólo existía el maltrato físico a los ojos de la gente, pero hoy en día se identifican muchas señales de abuso antes de llegar al golpe. 

Uno de los mayores problemas en el momento de identificar el abuso emocional es que en nuestra cultura, muchas de las expresiones de abuso se entienden como “situaciones habituales”, y no se sabe dónde existe la línea que separa lo que es “habitual” de lo que se conoce como “maltrato”. Debemos luchar para que esta línea quede perfectamente delimitada, para que cambien muchas de las situaciones que se dan hoy en día, y cada vez sean menores los casos de maltrato que vemos en las noticias, leemos en los diarios o escuchamos en la radio.

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Sandra López Salas