Vivimos en un mundo en el que nos dedicamos a juzgar a los demás. Nos gusta criticar, nos gusta hacer saber a los demás cuáles son los errores de esa persona a la que has “fichado”. 

Hay muchas cosas de nosotros mismos que todavía nos cuesta aceptar por muchos libros de auto ayuda que existan, y en vez de aceptarlo y trabajar en ello de manera personal, preferimos centrarnos en “pisotear” a los demás para que se sientan mal e inferiores. Al fin y al cabo, no hay nada mejor que sentirse superior a alguien…

Los rollos son un rollo, y lo sabes. Vente a Zhazz
Los rollos son un rollo, y lo sabes. Vente a Zhazz

Podríamos poner como ejemplos muchísimas cosas por las que podemos ser juzgados/as, pero quizás resultaría complicado de digerir para tan solo un artículo. Es por eso que hemos decidido centrarnos en algo que todavía parece crear cierta controversia para muchas personas que todavía dan por hecho muchas cosas sin ser conocedoras de las mismas. Nos estamos refiriendo, tal y como habéis podido observar en el título, a los hombres que asumen el rol de “pasivo” (bottom en inglés) en las relaciones sexuales. Ahora, ¿qué significa ser pasivo? Asumir el rol de pasividad es definido como “ser un hombre que en las relaciones sexuales de penetración anal con otros hombres resulta ser el penetrado”, tal y como se menciona en el diccionario LGBT del termcat, el centro de terminología catalana, mientras que el activo es aquél que penetra; aunque también hay aquellos que disfrutan de asumir ambos roles; eso dependerá del funcionamiento de cada persona y/o relación. 

Hasta aquí todo bien; ahora, ¿dónde entra el problema a discutir? Existe un estigma hacia los hombres que sienten más placer siendo pasivos a la hora de practicar sexo. 

Es vox populi que hemos crecido con una educación claramente inclinada hacia la supremacía masculina que necesita ser erradicada poco a poco mediante el des aprendizaje de ideas y conceptos que todavía nos salen de manera natural.

Debe ser probable que os estéis preguntando cuál es la relación entre una idea y la otra, pero resulta muy evidente: se relaciona a los hombres pasivos con características más femeninas y, por lo tanto, deben ser dominados por los “hombres de verdad”. 

Parece mentira que a estas alturas todavía estemos así, pero por mucho que nos disguste, todavía es la realidad en la que existimos; aquello considerado como femenino debe ser sometido a lo masculino.

Habrán sido muchas las ocasiones que os habréis encontrado con comentarios como: ¡ostras, qué pluma tiene este chico, seguro que es el que muerde la almohada!; ¿este chico es gay? Pero si es muy masculino… Multitud de “ocurrencias” como estas con las que te preguntas, ¿qué pretendes?, ¿quieres hacer de menos a alguien por sus preferencias en la cama? Serán muchos/as los que asegurarán no querer menospreciar a nadie ni faltar al respecto, pero en el fondo no están haciendo otra cosa. 

Ahora, no hay que dedicarse a señalar culpables y mandarlos a la hoguera de la intolerancia, si no más bien hacerles dar cuenta de que hay cosas que no están bien y deben ser cambiadas. 

Hace unas semanas pudimos observar un ejemplo muy claro en uno de los programas de televisión más vistos en la franja de tardes; estuvieron hablando días y días acerca de un chico heterosexual, alguien conocido en el mundo de la prensa rosa, del cual se había comentado que disfrutaba ser penetrado por su chica mediante juguetes sexuales. Esa era la noticia, que un hombre disfrutaba siendo penetrado cuando, en teoría, le gustaban las mujeres. ¡No puede ser! ¡Seguro que es un homosexual encubierto! Multitud de comentarios en los que podías leer un juicio de valores entre líneas. 

Cada uno debería poder disfrutar de su sexualidad sin la constante presión de la opinión del resto. Entre nosotros, lo que piensen los demás no debería tener ningún tipo de poder en tu toma de decisiones. 

Además, para aquellas personas que todavía prefieren vivir en cuevas alienados de la actualidad, es necesario hacerles saber que el punto G de los hombres, la zona de cuya estimulación provoca la mayor excitación sexual, se accede a través del ano con el dedo. Entonces, ¿cuál es el problema en todo este asunto? Tranquilo que nadie dudará de tu masculinidad por el hecho de gozar. 

Este juicio de valores no solo va dirigido de personas heterosexuales a homosexuales y/o bisexuales; dentro de la misma comunidad hay muchos que no hacen otra cosa que criticar a “los suyos”. En esta vida he presenciado muchas críticas y comentarios totalmente innecesarios hacia la virilidad, y estos han sido tanto en institutos, lugares de trabajo y discotecas de ambiente… ¿Por qué es necesaria esta incisión? Porque a todos y a todas nos gusta mucho darnos cuenta de lo mal que lo hacen los demás, pero la autocrítica y la autorreflexión no es uno de nuestros fuertes. ¿Estamos entonces dispuestos a darnos cuenta de aquello que debemos corregir?

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Sergi Judici Buqueras