Hasta al más escéptico le sigue entrando cierto reparo inevitable cuando ve cruzar un gato negro, al tener que pasar por debajo de una escalera o si por torpeza derrama un salero sobre el mantel.

Si nos cuentan la desgracia de alguien, nos parapetamos tocando madera o cruzamos los dedos para que nuestros deseos se cumplan. Supersticiones incrustadas en el inconsciente del ser humano y que a día de hoy seguimos ejecutando casi como un acto reflejo.

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La suerte siempre nos ha resultado atractiva. Algo sabemos del cierto: no es duradera. Así pues debemos encontrar algunos alicientes para que nos encontremos bien con nosotros mismos y sintamos que la suerte, aunque no siempre eficaz, nos acompaña a todas partes. Es por eso que para evitar el «mal de ojo» hay que seguir unas ciertas instrucciones que para muchos les puede resultar patéticas o absurdas, pero ahí reside la voluntad y el deseo de ser afortunado y no darle ninguna importancia a ciertas instrucciones, por muy poco sentido que tengan. Y además, también reside la savia y sana comicidad del ser humano.

La superstición es bastante territorial ya que cada país tiene sus propias supersticiones. Algunas de ellas, no obstante, son universales y tienen la misma validez en todo el mundo. Resulta divertido observar como las personas se toman tan a pecho todas esas advertencias y situaciones para alejar la mala suerte, pero en verdad no sería de extrañar, ya que cuando le aplicas seriedad a ciertas cosas siempre parecen más serias e importantes.

¡Ni se te ocurra vestirte de amarillo!
  • «En trece y martes ni te cases ni te embarques«. El martes y trece nunca ha sido amigo de la buena suerte.
  • «El gato negro«. Las brujas en muchos países siempre han sido el símbolo de la buena suerte, no obstante siempre tenían de mascota un gato negro. No se puede tener todo.
  • «Derramar la sal» La sal fue siempre símbolo (pensemos en su tradicional uso para la conservación de alimentos) de incorruptibilidad y, por tanto, símbolo de las relaciones duraderas, que no se “pudren”.
  • «Pasar por debajo de una escalera». Por un lado, la escalera se relacionaba con la muerte por el patíbulo, ya que por una escalera se subían los verdugos para colocar la cuerda de los ahorcados. Por otro lado, la tradición pictórica cristiana solía colocar a Lucifer agazapado mirando con maldad bajo la escalera que usaban en el descenso del cuerpo de Cristo.
  • «Levantarse con el pie izquierdo». El movimiento solar es hacia la derecha, la mayoría de las personas son diestras, en la Biblia los santificados son los que están a la derecha de Dios e incluso, en términos lingüísticos, en latín, la izquierda se denominaba “sinester”, que significa siniestro. lo decimos cuando en un día nos ha salido todo al revés.

Para remediar todo eso:

  • «Soplar una pestaña». En la Edad Media existía la creencia de que el Diablo coleccionaba pestañas, por lo que cada vez que a alguien se le caía una pestaña se consideraba un mal augurio. Para espantar la mala suerte bastaba con soplarla.
  • «Tocar Madera». Este acto, que a día de hoy hace que millones de turistas conviertan las fuentes emblemáticas en auténticos lechos de cobre, proviene de un antiguo rito adivinatorio mediante el cual se podía conocer si un deseo se cumpliría o no arrojando un alfiler o una piedra a un pozo. Solo si la inmersión producía burbujas, el deseo se cumpliría.
  • «Cuándo pitan los oídos». Actualmente, cuando nos pita un oído, enseguida lo achacamos a que alguien está hablando de nosotros, lo que no tenemos claro es qué oído es para bien y que oído para mal. Según la tradición, el oído izquierdo sería para el amor y el derecho para el rencor. Y si te pellizcas el oído derecho cuando éste te pita, se dice que el rencoroso murmurante se morderá la lengua.
  • «Soplar todas las velas en la tarta de cumpleaños». Para conseguir prosperidad el año siguiente hay que apagarlas todas. Por cada vela que se quede encendida será un año de poca productividad.
  • «Cruzar los dedos». El origen de esta superstición se remonta a una costumbre anterior a la era cristiana mediante la cual dos personas entrelazaban sus dedos índices para expresar un deseo y su juramento de ayudarse a cumplirlo mutuamente. Aunque también cruzamos los dedos cuando incumplimos lo que juramos, cruzamos los dedos para protegernos de la mala suerte, y cruzamos los dedos cuando pedimos que nuestro deseo se cumpla.

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Por Estefania Mantas Mansilla

Entre tantísimas otras. La supersticiones, la gran mayoría, provienen de la religión y de las costumbres y quehaceres de las personas. También forman parte de nuestra sociedad y cultura.

Así que…¡vayamos con cuidado, que la mala suerte nos acecha!

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