Al leer este interrogante, quizá levantes las cejas en un gesto de asombro. Puede que nunca te lo hayas preguntado, o tal vez asumas la depilación como algo inevitable. En este post te invitamos a pensar sobre ello, y te damos algunas claves para entender a qué responde esta práctica tan instalada en nuestra sociedad. Por cierto, ¿te has fijado en que las cejas están entre las pocas zonas en que está socialmente aceptado que las mujeres tengan pelo? Llamativo, ¿verdad? Sigue leyendo, verás que este tema no deja de sorprenderte.

A todas nos gusta vernos guapas

O, si lo prefieres, también está la famosa frase “para estar guapa hay que sufrir”. Son algunos de los mantras que habrás escuchado mil veces cuando se habla de maquillaje, depilación, retoques estéticos y tantas otras cosas. La cuestión es si hace falta perseguir ese canon de perfección que nos quieren imponer, cuando la realidad es que ya somos naturalmente bellas. Lo cierto es que vivimos en una sociedad consumista, y todo aquello que reporta beneficios económicos trata de explotarse al máximo. ¿Te has preguntado alguna vez cuánto dinero mueve la industria de la estética? Reúne tantas empresas y productos que parece imposible de calcular, pero no lo es. Según datos de El Economista, un prestigioso medio especializado, los beneficios se cuentan por miles de millones. Además, la progresión no para de crecer año tras año. Se espera que en 2023 mueva nada menos que 800.000 millones de dólares en todo el mundo, frente a los 500.000 de 2017. Da qué pensar, ¿verdad?

Belleza irreal como gancho publicitario

Si las cifras de la industria cosmética te han dejado con la boca abierta, piensa en los mensajes que lanza la publicidad. Puede que solo te sorprenda, o quizá también te indigne, pero muchos de sus mensajes se basan en hacernos sentir imperfectas. Sí, como lo oyes, aunque en el fondo es una obviedad. ¿Cómo conseguir que la gente se lance a comprar cera, cremas depilatorias, maquinillas desechables y un largo etcétera de productos? Por no hablar de los dispositivos electrónicos para depilarse o los servicios en centros estéticos para quitarse el vello de forma definitiva. Su secreto está en hacernos sentir que nuestro cuerpo no es presentable tal como es. Que tener vello es indigno, antihigiénico, antiestético, poco elegante… La lista es casi interminable, pero si lo piensas, esta presión social es la base que sustenta el negocio de la estética. Y frente a esos miles de millones que gana la industria, la gran perdedora es la autoestima de las mujeres.

Imposiciones estéticas crecientes

Lejos de limitarse a perpetuarse en el tiempo, la presión social y las imposiciones estéticas siguen yendo a más. Si desde los años 70 empezó a popularizarse la depilación de las piernas y las axilas, con el transcurrir de las décadas ha ido ganando terreno, literalmente. De las famosas ingles brasileñas de los 90 se ha pasado a la moda de la depilación integral. En relación a este tema, es interesante la lectura del ensayo de Bel Olid A contrapelo. Entre otras cosas, subraya que hay pocas zonas en las que se acepte socialmente el vello. La cabeza, las pestañas y las cejas, como avanzábamos al comienzo de este artículo. La obra de esta autora nos abre los ojos frente a paradojas como esta, que nos deben invitar a la reflexión. Volviendo a la moda de la depilación integral, toca echar mano de la ciencia para tirar por tierra algunas de las mentiras de la industria. En concreto, esa que dice que la depilación integral es más higiénica. Los dermatólogos advierten que no solo es falso, sino que además es justo lo contrario. Se ha demostrado que la ausencia de vello en el pubis y los labios externos facilitan las infecciones de transmisión sexual. La naturaleza es sabia y colocó el vello en este lugar por razones prácticas. Como en todo en la vida, en un término medio está la virtud. Puede perfilarse y recortarse, pero no se recomienda eliminar el vello por completo. Así pues, basta de dar pábulo a mentiras interesadas que no hacen ningún bien a nuestra salud.

El papel de las redes sociales

El fenómeno de las redes sociales no ha hecho sino multiplicar el efecto de la publicidad en nuestras vidas. Si ya el marketing se encargaba de acribillarnos con mensajes sobre el modelo de belleza a seguir, las redes lo llevan hasta el infinito. Los estudios dicen que las generaciones más jóvenes consumen más productos de belleza y presentan más insatisfacción con su propio cuerpo. Una realidad que debería hacernos reflexionar y rebelarnos contra lo que la sociedad nos trata de imponer.

Tomar conciencia para ser más libres

El ejercicio de la libertad pasa por saber qué opciones tenemos y decidir en consecuencia, de acuerdo a nuestra forma de pensar y nuestros criterios. Se trata de poner en una balanza en qué medida nos resulta más fácil ceder a la presión social. Puede que haya ocasiones en que nos apetezca depilarnos y en otras no, pero es bueno tomar conciencia de que es nuestra elección. Que no somos imperfectas, simplemente somos seres sociales que buscamos la aprobación. Que la sociedad de consumo en la que vivimos aprovecha inevitablemente nuestras debilidades, pero que por encima de todo debe triunfar nuestra autoestima. Lo importante es empoderarnos y ser conscientes de nuestras propias decisiones. ¡Que no nos tomen el pelo!

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