La soledad ha sido abordada como un problema social. Pero quizás nos encontramos con una cuestión individual que hemos convertido en una epidemia innecesaria y cuyos síntomas quizás hayamos experimentado sin notarlo.
La era en la que vivimos ha recibido varios nombres, pero es con certeza el momento en la historia de la humanidad que se caracteriza por la digitalización del mundo, particularmente de nuestras comunicaciones.

La virtualidad nos ha permitido acortar distancias, mantenernos en contacto con seres queridos y lidiar con los obstáculos característicos de nuestro tiempo. Pero, la falta de contacto físico se ha tornado un fenómeno con un significativo impacto negativo sobre la sociedad.

¿Por qué nos sentimos solos?

Rodeados de gente y estímulos a toda hora del día, si realmente nos encontramos híper comunicados, ¿cómo podríamos explicar que uno de los países más poderosos y poblados del mundo requiera de un ministerio que se encargue de ofrecer compañía a sus ciudadanos? 

Esta situación surgió en Japón debido a la enorme cantidad de suicidios que se habían justificado en nombre de la soledad.

Impulsada en el país asiático, la iniciativa de los ministerios de la soledad es un concepto tomado en cuenta en otras potencias mundiales también. Mediante estos centros, se ha expresado implícitamente la preocupación de estos países por el bienestar mental y emocional de sus habitantes. 

Pero, quizás el lidiar con la soledad humana como una enfermedad no sea el único camino para resolver el problema. Puede que la solución la hallemos en la definición del problema en sí: podemos estar acompañados y aún sentirnos solos.  

Una soledad balanceada

Según el análisis de Global Happiness, los principales tres factores tomados en cuenta como los más importantes para la felicidad según los españoles son la salud emocional y las relaciones familiares y románticas. 

ministerios de la soledad
Análisis de Global Happiness

Hemos construido una sociedad en donde el trabajo y la competencia dentro del mismo se convierten en la fuente de todos las emociones y pensamientos que atraviesan a las personas en su día a día. 

Colegas, grupos de amigos y familia. Quizás la soledad no sea el problema, quizás la verdadera cuestión yace en encontrar el verdadero valor de lo que significa estar solos para poder entender y apreciar el contacto con los demás.  

La soledad asusta

Nos hemos acostumbrado a las conexiones interminables. Nuestros aparatos nos acompañan constantemente y a través de sus aplicaciones parecería ser que en realidad nunca tenemos un minuto a solas.

Quizás le tenemos tanto miedo a estar solos que hemos convertido a la soledad en el enemigo de la humanidad. ¿Qué pasaría si observáramos el estar con nosotros mismos desde una nueva perspectiva?

Es posible que si rompemos con el mito de la soledad como la razón por la que las personas nos encontramos desconectadas unas de otras, aprenderemos a apreciar nuestra propia compañía y así revalorizar lo que significa la presencia de las demás personas en nuestras vidas. 

Apreciar nuestra propia compañía

La extraña necesidad de compañía para realizar las actividades que nos llenan como individuos es una noción común que atraviesa todas las culturas del planeta. Pero tal vez lo hayamos definido mal; tal vez estemos buscando en lo ajeno lo que debería venir de dentro.

Los ministerios de la soledad respaldan la idea de que las personas quienes no están acompañadas en todo momento, sufren de algún tipo de enfermedad. Sin embargo, también es cierto que la falta de contacto físico en las relaciones es un problema de la actualidad. 

¿Cómo podríamos conciliar ambos extremos? Quizás la solución se encuentre en el balance entre ambos. 

El resignificar el tiempo que pasamos con nosotros mismos y lograr la capacidad de acompañarnos no significará que dejemos de necesitar vivir en sociedad, pues somos animales sociales. El disfrutar de estar solos solamente aportará más valor a los momentos que sean compartidos con los demás. 

Por otro lado, apreciar nuestra realidad social sin interfaces digitales que la interpreten por nosotros podría ser el gran paso para lograr conexiones más reales, más íntimas, más humanas.

Otorgarles un nuevo valor a nuestra propia compañía, así como también al tiempo que invertimos en los otros y que invierten en nosotros quizás sea el camino hacia una nueva filosofía de vida. Una realidad en donde la soledad y la compañía se encuentran para sustentar el balance en nuestras relaciones. 

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Por Almudena Toledo

Agradecimientos a: Photo by Fabien Bazanegue on Unsplash

Estefania Mantas Mansilla