¿Qué hacer con tu vida?

La felicidad ni se compra ni se vende, igual que el tiempo. Sólo tenemos una vida y hay que aprovecharla. Cada uno lo hace a su manera, pero ¿cuál es el problema de nuestras dudas al reflexionar sobre qué hacer con nuestras vidas? Siempre hay un balanza en nuestros juicios mentales y siempre debemos estar decidiendo entre lo estable y seguro, y entre lo que es más pantanoso pero provoca más placer a nuestros sueños. ¿Qué platillo pesará más?

¿Qué hacer con tu vida?

No es fácil vivir con el peso del mundo a tus espaldas. Cómo tampoco es fácil encontrar el significado de la vida o de tu propia existencia. A veces pueden resultar preguntas muy trascendentales, pero a veces te dan respuestas para casi todo. Esas preguntas no las formula cualquiera, como tampoco no tienen la importancia necesaria para todos, pero sin esas preguntas, ¿tendríamos nuestros momentos de reflexión? ¿podríamos vivir cada día según venga sin auto reflexionar sobre nosotros mismos?

No es fácil admitir que cada uno tiene flaquezas, pero aun es más duro afirmar que uno ha perdido el tiempo con su vida. Así pues, ¿qué debemos hacer con nuestra vida?

Nuestros padres juegan un papel esencial en este tema. Nos aconsejan que encontremos un buen trabajo, nos intentan guiar, nos previenen de las dificultades que tiene este mundo, y nos comunican sus experiencias para inculcarnos precaución. De alguna manera, intentan que no caigamos en las mismas piedras que cayeron ellos. ¿Pero sólo basta con eso? Cada uno es un individuo, con sus sueños y sus ambiciones; ¿Debe uno dejarlo todo para asegurarse un buen sueldo?

La vida es única e irrepetible y a veces los sueños se tuercen, pero sigue una flamante llama en su interior. Siempre ha habido una gran rivalidad entre lo que es correcto y lo que pide nuestro placer. Hay infinidad de personas que se han asegurado un buen sueldo, y hay gente que se ha agarrado a su ambición y deseos sin importarles demasiado el dinero. Aun así, los sueños pueden ser distintos y seguramente hay muchas personas que soñaban con sentarse en un despacho mientras teñían sus vacaciones con una buena escapada en familia. Nada es mejor o peor. No importa la profesión de cada cual, lo que se pone en cuestión son las decisiones y el camino transcurrido en nuestros deseos de ser alguien.

¿Perseguí mi sueño o no tenía ninguna razón de ser? ¿Quise ser lo que me diera la gana o la comodidad y la lógica me obligaron a escoger una profesión distinta? Todos tenemos derecho de querer ser lo que seamos y el margen no se termina a los 20 años. Cualquier persona de cualquier edad tiene el derecho de hacer cambios, decisiones, proyectos, sueños e ilusiones, porqué al fin y al cabo somos seres pensantes que a pesar de todo estamos todo el día decidiendo cosas, desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos. Nuestras decisiones definen nuestro carácter y nuestra personalidad y no debemos dejarlas en manos del azar, y mucho menos a merced de otra persona. Es nuestra vida y nosotros debemos decidir cómo vivirla.

Y sí, es cierto, siempre ha existido y existirá el factor racionamiento y nos dará toques en la cabeza para que pensemos con lógica, y nos aferremos a una vida segura, estable, con una posición sólida en el trabajo, pero ¿cuál lógica podría ser posible si obligo a mi placer a casarse con mi moral? ¿Cuál es el jugo que se le puede sacar a la vida?

El único factor que nos debería preocupar, es el factor tiempo. Somos prisioneros del tiempo. Allá donde vayamos, allá donde estemos, siempre estaremos a merced de él. No nos podremos librar y es traicionero, ágil, le gusta el juego, y le encanta recordarnos que puede hacer lo que quiera con nosotros. Pero también nos obliga a ciertos placeres, y nos recuerda que la vida va avanzando a pasos agigantados, y que sobretodo no debemos malgastarlo. Casémonos pues con él, obliguémosle a observar lo bonita que es la vida y como la aprovechamos. No le dejemos ganar la partida.

By | 2017-07-06T07:49:53+00:00 julio 6th, 2017|Categories: La vida|Tags: , , , , , |0 Comments

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