La literatura. El gran arte de las palabras escritas.

¿Por qué cada vez hay más gente que no lee nada o casi nada? ¿Tal vez las historias que hoy en día se cuentan, no llaman la atención de los lectores? ¿Tal vez porque es aburrido? ¿Tal vez porque ya no atrae nada que no sea tecnológico? Todas esas preguntas tendrían fácil respuesta si hiciéramos encuestas y intentáramos descubrir poco a poco la verdad de estas. Pero que la literatura es un arte es una evidencia, y que hace millones de años de su origen también lo es. Como también es evidente que es la prueba más palpable de cualquier contacto con el pasado.

La literatura. El gran arte de las palabras escritas.

La literatura es un arte en todas sus formas. Que en un papel se puedan imprimir las palabras escritas salidas de alguna mente i/o imaginación de alguna persona, y que con el uno pueda leer imaginando a su vez nuevos mundos y dejar volar el imaginario de cada cual es sin duda una maravilla. El arte es sin duda una vía comunicativa para expresar la sensibilidad de un sujeto hacia el mundo. Son las percepciones de uno mismo llevadas a un alto extremo, con dosis abundantes de creatividad plasmadas en forma de pintura, libro, película, etc. Pero sin duda alguna, arte es todo aquello que se quiera expresar y que quiera sacar el jugo más hermoso de este mundo para poder compartirlo con los demás.

La literatura no es una excepción en todo eso. Tiene la gran habilidad de invadir las casas de la gente con numerosas historias y relatos que salen de las páginas de un libro, pero acaban volando y trepando por las paredes de comedores, cocinas, estudios, bibliotecas, etc. Esas páginas impresas nos invaden la mente y nos permiten volar hacia nuevos horizontes, conectados a la vez con nosotros mismos, estando solos ante esas historias que auguran tener final pero que siempre viven en ti, ya que aunque se termine un libro, el viaje que uno hace al leerlo deja mella en nuestro interior.

Por desgracia, leer cada vez se está dejando más para las ocasiones imposibles. Cuando a uno le parece que ya no tiene nada más que hacer, dentro de sus tareas, coge un libro y empieza a leer. El arte no debe de ser un pasatiempo. El arte se llama “arte” cómo tal, porque el espectador al verlo y/o leerlo se modifica de alguna forma. Su sensibilidad sube como el azúcar, y de alguna manera todos nos convertimos en diabéticos. Pero no de azúcar, sino de sensibilidad. El arte es un bálsamo para el alma y para nuestra propia sensibilidad y nos provoca inmenso placer al tener contacto con él. Ese es uno de los objetivos más importantes que tiene el arte. Así pues, la literatura debería tener su espacio en medio de las distintas tareas que nos puedan aparecer al largo del día. En un mundo dónde la tecnología está reinando cada vez más y se convierte en algo dictatorial, para nuestra propia paz interior, para nuestro intelecto, y para nuestra propia identidad, necesitamos estar a solas y hojear páginas impresas con letras extraordinarias, las cuales cobran sentido en cuanto alguien las tiene entre sus manos.

Citando una noticia de el periódico El País, el 8 de Enero de 2015: Dicen los expertos que el mismo cálculo puede ofrecer interpretaciones incluso opuestas. Desde luego, la regla puede valer para el barómetro publicado hoy por el Centro de Investigación Sociológica (CIS), que incluye un largo apartado centrado en los hábitos de lectura de los españoles. Así, en el vaso medio vacío destaca un número: el 35% de los encuestados no lee “casi nunca” o directamente “nunca”. El optimista, en cambio, dirá que el otro 65% lee al menos “alguna vez al trimestre” y que el 29,3% más aficionado de los encuestados lo hace “todos o casi todos los días”.

Las estadísticas publicadas hoy reflejan a grandes rasgos el índice de lectura del 63% que ya salió hace dos años del informe Hábitos de lectura y compra de libros publicado por la Federación de Gremios de Editores, así como idéntica es la tendencia que muestra como las mujeres lean más que los hombres. La media europea, de todos modos, se coloca en un 70% de la población.

De ahí que dos de cada tres encuestados consideren que en España se lee “poco”. En concreto, una media de 8,6 libros al año, si se limita el cálculo solo a esos dos tercios del país que sí leen. En Finlandia, por citar uno de los países modélicos en este sentido, los libros leído por habitante al año son 47.

¿Y por qué más de uno de cada tres españoles apenas abre un libro? La respuesta principal es quizás la más espontánea: un 42% asegura que no le gusta o no le interesa. La segunda razón resulta ser la falta de tiempo. Entre los que sí aman leer, en cambio, la encuesta traza un perfil que se vuelca en su pasión sobre todo en casa (el 91%), básicamente para disfrutar y distraerse (61,6%), y lee sobre todo novelas, especialmente históricas. De hecho, el género en sí o el tema de la obra son la razón principal para escogerla (64,3%), por encima del autor, del título o del juicio de la crítica.

Es por eso que la literatura no es  el arte más abundante por desgracia. No obstante, es muy lícito que a alguien no le guste leer, e incluso que no le interese, pero debe ser reconocida al menos, como algo imprescindible para la cultura, y no la nuestra, sino en general. Los libros han hecho el papel de comunicantes, de traspasar conocimientos de generación en generación, de contar historias que invadían las mentes de personas que vivieron siglos atrás, de explicar cómo era el mundo antes y de, en menor medida, advertir de los errores que cometieron algunos en algún tiempo y en algún lugar.

La vida de los humanos es efímera, mientras que los libros esconden secretos que siempre sobreviven al paso del tiempo.

By | 2017-09-07T08:10:12+00:00 septiembre 7th, 2017|Categories: Arte y cultura|Tags: , , , , |

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